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viernes, 20 de agosto de 2010

Código de Ética de los Blogs Gastronómicos

Estaba yo en el colegio cuando mi profesora de primaria en el Maristas, la buena Teresa Talavera, hizo el relato del cuento aquel en el que un gastrónomo de visita en un reino lejano es invitado a pedir lo que su buen gusto y experiencia le indicara, a lo que él respondió pidiendo a la vez el mejor y el peor plato que el cocinero real pudiera imaginar y preparar. La sorpresa no fue minúscula al encontrarse con dos estupendos estofados de lengua, tal cual uno similar al otro, obteniendo como explicación que la lengua podía significar, según el contexto y la escena, lo mejor o lo peor del mundo, según la intención de quien la utilice, habida cuenta de la posibilidad de proclamar los halagos y lisonjas más perfumados o proferir los insultos y calumnias más putrefactos.



En tiempos de la tecnología interactiva y la virtualización de las comunicaciones, el cuento se puede trasladar sin ningún problema a un reino digital, un escenario en el que la oralidad ha sido trasladada a un lenguaje binario, y en el que lo que se escribe en un blog puede ser a la vez benéfico o destructor, según sea el calibre de la pluma, el poder de influencia en el lector y la intención desalmada o no al momento de postear.

Por eso, contagiados del buen ánimo de la columnista de El Comercio.Pe, Diana Plasencia (Blog La Oveja Verde), damos cuenta del Código de Ética de los Blogs Gastronómicos, un ejercicio iniciático por dotar de reglas de sana convivencia este mega espacio -de crecimiento geométrico en los últimos años- de opinión sobre el arte de la cocina que representa la necesidad de comunicarse de los seres humanos llevada a su expresión más natural.

Pero de que se trata de una subjetividad, no cabe duda. Si no, de qué opinión estamos hablando. Y en ello, la ética nos dicta ser cautelosos y responsables para no llegar a los peligrosos extremos. Y en esto hay nuevas alegorías que grafican la importancia de alcanzar el justo medio aristotélico también al momento de escribir sobre cocina, comidas, cocineros y comensales, los 4 puntos cardinales de la gastronomía. Es casi como tener un Anton Ego dentro, con esa misma milimétrica precisión para criticar con erudición y la gigantesca humildad para autoimponerse penintencias por los errores cometidos.


En resumen, el CEBG señala:

1.- Ser responsables. Al escribir sobre el mundo de la gastronomía debe hacerse con el cuidado de un profesional. No va a utilizarse el poder de la palabra en el Blog como un arma para no afectar la reputación de alguien. Debe publicarse todo con la diligencia debida.

Al publicar, debe darse la cara, o el nombre, aunque se respeta la decisión de algunos de conservar su anonimato. 

2.- Ser consecuentes. Debe creerse firmemente en la libertad de expresión, pero también reconocer que la experiencia con los alimentos es subjetiva. Debe existir un firme compromiso, independientemente de la pasión por la cocina, que se privilegie la franqueza y de abstenerse de ataques personales.

3.- Ser independientes. La indenpendencia debe estar entendida tanto en el aspecto de no dejarse llevar por sesgos externos cuanto por sesgos internos, es decir, apartarse de las emociones o vinculaciones de toda naturaleza. 

4.- Ser transparentes. Si se obtiene algún beneficio a causa del blog o de las publicaciones realizadas, debe informarse a los lectores, por un tema de respeto a la credibilidad y mantener la objetividad.

5.- Ser profesionales. Aunque no se tenga conocimiento profesional de periodismo, debe respetarse la autoría de los textos, fotos, videos, recetas y críticas encontradas en la red o en libros publicados.

Los autores de este sencillo pero sensato recetario de reglas éticas insisten en que no es un trabajo consumado sino más bien el comienzo de una profunda y seria discusión, que debe cocinarse a fuego lento, para bien de los que escriben, los que leen y los que cocinan. Después de todo, la pasión que sentimos por la cocina nos motiva a ser buenos en lo que hacemos. 

Este texto fue redactado originalmente en lengua gallega por Manuel Gago con la colaboración de Óscar Beiro, Soledad Felloza, Jorge Guitián y Miguel Vila. El texto se discutió dentro de la lista de blogastrónomos gallegos y se presentó el 18 de febrero de 2008 en el marco del Fórum Gastronómico de Santiago de Compostela.
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